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sábado, 1 de febrero de 2014



El bautismo es una de las prácticas religiosas de mayor antigüedad, pues fue conocido por judíos y paganos. Entre los judíos el bautismo se practicaba con el objeto de limpiar el cuerpo de las inmundicias que se suponía habían adquirido por contacto con muertos, leprosos, animales inmundos o el asistir un parto. Posteriormente se incluyó entre la lista de contaminaciones reales supuestas el simple contacto físico con gentiles al transitar por las calles.
Según la historia “los Esenios” (secta religiosa de los judíos) practicaban el bautismo o “Abluciones” diariamente. Las sinagogas eran construidas cerca de un rio o arroyo para facilitar dichas abluciones ceremoniales.
La Doctrina Cristiana del Bautismo.
Por el estudio de los evangelios sabemos, en primer lugar, que Juan el Bautista se dedicó a anunciar el reino de Dios y requería que fueran bautizados quienes creían su mensaje. Juan no llamó la atención por el hecho de que bautizaba a sus adeptos, pues otros predicadores también los hacían, sino porque exigía un arrepentimiento previo al bautismo. Esto era una gran innovación, pues el sistema usual de bautismos solo tenía un calor ceremonial y no requería una preparación especial.
Los evangelios también nos revelan que Jesucristo también bautizaba a los que querían seguirle y lo hacía por conducto de los apóstoles (Juan 3:22 y 4:2). Luego encontramos que Jesús al final de su permanencia física en la tierra mandó a sus discípulos que fueran a predicar por todo el mundo y también que bautizaran (Marcos 16:15-16 y Mateo 28:19).
En nuestro estudio de las prácticas apostólicas encontramos que en el día de Pentecostés Pedro declaró a la multitud que el bautismo era necesario para recibir el perdón de pecados y el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
Como consecuencia de la predicación de Pedro fueron bautizados y añadidas a la iglesia como tres mil personas (Hechos 2:41). Esta es la primera indicación histórica de que el bautismo es la iniciación en el cristianismo.
Felipe también bautizó en Samaria a muchas personas que creyeron al mensaje que él les predicaba, quienes posteriormente recibieron el Espíritu Santo por la imposición de manos de los apóstoles.
Pedro mandó a bautizar a la familia de Cornelio después que se dio cuenta que habían recibido el Espíritu Santo hablando en lenguas como sucedió en el día de Pentecostés (Hechos 19:1-7).


La fórmula del bautismo
Al leer Mateo 28:19 encontramos que Jesús ordenó a sus discípulos que bautizaran en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. En Hechos 2:38 Pedro les dice a los judíos que se bautizaran en el “Nombre de Jesucristo”, en Hechos 8:16 la fórmula es en el “nombre de Jesús”; en Hechos 10:48 es en el “nombre del señor Jesús”, y en Hechos 19:5 también es en el “nombre del señor Jesús”. Hay personas que sin prestar atención ni dar validez a las declaraciones de los Hechos de los Apóstoles utilizan ambas fórmulas. Por lo tanto este asunto del bautismo es muy delicado y se debe estudiar cuidadosamente. Las siguientes consideraciones pueden ser de mucha utilidad para el lector.
1º. Si la expresión de Mateo 28:19 es correcta entonces necesitamos armonizar esta escritura con el resto de las referencias bíblicas con respecto al bautismo que indican en todo caso que la iglesia primitiva bautizaba solo en el Nombre de Jesucristo.
2º. No se puede decir que aceptamos las palabras de Jesucristo en Mateo 28:19 y rechazamos las de Pedro en Hechos 2:38, o que aceptamos las palabras de Pedro y rechazamos las de Cristo. Si simplemente negáramos a Pedro la autoridad de lo que dijo, se vendría abajo mucho de lo que enseñamos y se daría margen a que cualquiera se sintiera con el derecho de hacer a un lado porciones enteras del nuevo testamento, alegando que el autor respectivo se había equivocado.
3º. Si aceptamos como correcto el proceder de los apóstoles, entonces podemos comprender el impacto de la forma unicitaria del bautismo y sus implicaciones doctrinales. Los apóstoles bautizaron en el Nombre de Jesucristo, primero, porque en su experiencia judía que la cuestión del “nombre” era de lo más importante y había una riqueza teológica, que persistentemente permeaba todo el pensamiento judío y lo encontraba en el uso del nombre. Es segundo lugar, los apóstoles bautizaron como lo hicieron porque entendieron que el nombre de Dios (Jehová) del antiguo testamento ahora residía en Jesucristo, en la misma manera en que como verbo de Dios hizo su tabernáculo o habito entre los hombres (Juan 1:10) consecuentemente los apóstoles confesaban con el bautismo la plenitud total de la divinidad que habitaba en Jesucristo (1ª Timoteo 3:16; Colosenses 2:9) de quien Isaías había profetizado y le había llamado niño, Hijo, Dios fuerte, Padre Eterno (Isaías 9:6). Y también se presentó como el señor, que es el Espíritu (2ª Corintios 3:17). Al usar la fórmula “en el Nombre de Jesucristo”  quienes así bautizaran, están confesando que Cristo es el mismo Dios que se ha manifestado con atributos de Padre, Hijo Y Espíritu Santo. Quiero que usted entienda que estos tres términos no forman un nombre en Sí, sino son la designación de oficios en la Divinidad; y estos oficios son desempeñados por el mismo Cristo.       Veamos entonces, que quienes bautizan en el Nombre de Jesucristo no están negando a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero al volver a los hechos de los apóstoles al inicio del avivamiento pentecostal y encontrar una discrepancia entre Mateo 28:19 y Hechos 2:38 quisieron reconocer  la existencia de ambas fórmulas y buscarles un punto de reconciliación. El esfuerzo continúa y los creyentes del Nombre de Jesús deben tratar de encontrar un espacio teológico y una aceptación para una fórmula bautismal que es enseñada en la palabra de Dios y sobre todo porque es en el  Bautismo en el Nombre de Jesucristo que el hombre encuentra la salvación.
4º. El uso del singular “nombre” implica la creencia en la unicidad de Dios, sugerida en un sin número de escrituras. Este monoteísmo es la esencia misma de la biblia. La idea de la “Trinidad” formulada, aprobada y en algunos casos impuesta después de los apóstoles, aun en nuestros tiempos resulta demasiado confusa ya que después de muchos siglos en que muchos hombres han tratado de explicarla continúa el problema para muchos, planteado por la biblia que tanto en el antiguo, como en el nuevo testamento afirma que Dios es “UNO”. La enseñanza de la “unicidad” de Dios es tan fundamental a través de la biblia que cualquier argumento en el campo de la teología es inconcebible sin este antecedente. Este monoteísmo según lo enseña la biblia ciertamente no es contrario a la razón; porque la existencia de un Dios supremo no solo es evidenciada por las obra de la creación y la conciencia del hombre sino que ha sido siempre del conocimiento de los hombres.
Al bautizar a los judíos en el Nombre de Jesucristo no se les estaba imponiendo una fórmula con que aceptaban al mesías rechazado, sino que se utilizaba el argumento de la existencia de un solo Dios, Único que podían aceptar. Como dijo un rabino: “Los judíos pueden comprender a Jesús el galileo, pero no pueden entender la idea de la trinidad”.
Por lo tanto nosotros los cristianos de hoy en día no podemos aceptar que uno haya sido el bautismo para los judíos y otro para los gentiles, pues esto equivaldría a presentar a cada grupo un evangelio diferente (Gálatas 1:6-10).
Así que, quien cree y enseña así está fuera de la enseñanza bíblica. El bautismo cristiano cuando está relacionado con el uso de una fórmula es mencionado cuatro veces en el libro de los hechos de los apóstoles (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5) y la fórmula nunca es la que se encuentra en Mateo 28:19. Por lo tanto podemos ver que la fórmula utilizada por la iglesia primitiva fue en el “Nombre de Jesucristo”, pues queda evidenciado por las epístolas paulinas que hablan de ser bautizados solo en “Cristo” (Gálatas 3:27) y en “Cristo Jesús” (Romanos 6:3). Ahora preguntémonos: ¿Es posible reconciliar estos hechos con la creencia de que Cristo mandó a sus discípulos a bautizar repitiendo las palabras que Él les dijo? La explicación es obvia acerca del silencio del nuevo testamento y el uso de otra fórmula encontrada en los Hechos de los Apóstoles y en los escritos de Pablo, y es que la fórmula trina es una adición posterior al año 325 d.C.
Recordemos que la biblia nos manda a edificar sobre el fundamento de apóstoles y profetas (Efesios 2:20) y los apóstoles creyeron y enseñaron que solamente hay un bautismo (Efesios 4:5) entonces podemos ver que la única manera de entrar en el reino de los cielos es creyendo y siendo bautizados en el Nombre de Jesucristo.
Es mi deseo y espero en Dios nuestro Señor Jesucristo que a través de este corto estudio usted pueda entender que es importante ser bautizado en el Nombre de Jesucristo, pues de aquí depende la salvación (Hechos 4:12).